Francisco Bonifasi y Roberto Ardón: “La elección del nuevo Papa hay que verla con ojos humanos y de la fe”

Con ocasión de los diversos acontecimientos recientes en el Vaticano, se llevó a cabo un conversatorio entre Francisco Bonifasi y Roberto Ardón, para conocer con más profundidad las razones de la renuncia del Papa Benedicto XVI y su efecto en la Iglesia Católica; dar una mirada al Cónclave y la elección del nuevo Pontífice; además de explorar el futuro de la Iglesia.

La actividad, que forma parte de los encuentros periódicos que se organizan en CACIF para abordar diversos temas de actualidad, historia y cultura, reunió a un grupo de 25 personas, entre las que figuraban directores del Sector Empresarial, así como varios invitados habituales a este tipo de encuentros.

El evento fue moderado por Phillip Chicola, quien dedicó unas palabras en memoria de Mylena Romero (Jefe de Gabinete de CACIF, fallecida hace pocas semanas), y luego presentó a Francisco Bonifasi, Embajador de Guatemala en Italia durante el gobierno de Óscar Berger, y Roberto Ardón, un conocedor y estudioso en la materia, los cuales alternaron sus respuestas a las diversas preguntas formuladas y compartieron sus impresiones particulares sobre los temas centrales del conversatorio.

En este sentido, ante la pregunta de la lectura que se podía hacer sobre la renuncia del Papa, Bonifasi subrayó que la Iglesia es una institución permanente a través de los siglos, por lo que un acontecimiento como el que se ha vivido en las últimas semanas no deja indiferente a nadie, pues impacta en todo el mundo y genera una variedad de posturas. Pero que en todo caso, esta decisión “es un acto de responsabilidad y coherencia, que demuestran la gran fidelidad del Papa a su promesa”.

Al respecto, Ardón comentó que la renuncia del Papa le había causado una enorme sorpresa, pero que al ir avanzando los días y leyendo sobre el particular, había llegado a la conclusión que Benedicto XVI, después de convivir y presenciar los últimos años del pontificado de Juan Pablo II, prefirió por razones de salud y vigor físico hacerse a un lado y, como buen alemán, tener bajo control el proceso de transición hacia la fase de Sede vacante.

Sin embargo, ambos coincidieron con el hecho que esta decisión tendrá implicaciones futuras en el gobierno de la Iglesia, pues la opinión pública mantendrá en el tapete el tema de la renuncia de un Papa, cada vez que por razones de edad o disposición física se cuestione su permanencia en la Sede de San Pedro. Asimismo, los otros temas de gran incógnita serán, por un lado, el rol que jugará en este proceso de transición el Secretario de Estado y Camarlengo, Tarcisio Bertone, y naturalmente, la coexistencia de dos Papas en el Vaticano: uno emérito y el nuevo Papa.

Por ello, al hablar del Cónclave, destacaron que etimológicamente éste significa “Con Llave”, pero que es un proceso de elección que tiene unas particularidades, que van más allá de lo secreto del acto. En efecto, para esta elección del nuevo Pontífice, participarán 115 cardenales, de los cuales muchos de ellos fueron nombrados por Benedicto XVI durante los pasados 8 años.

La elección se realiza en la Capilla Sixtina, la cual es acondicionada oportunamente para este fin, y en la que entran únicamente los cardenales electores. Las puertas se cierran, después de la exclamación Extra Omnes(que anuncia la salida de quienes no formarán parte de la votación), la cual viene precedida por una misa y la invocación al Espíritu Santo con la oración Veni Creator. Posteriormente, el colegio cardenalicio escucha una meditación por uno de los cardenales, que perfila los principales desafíos de la Iglesia que el nuevo Papa deberá enfrentar.

Después de cada ronda de votación, se queman las papeletas, de cuyo resultado se advierte por el humo negro que sale de la chimenea, y que sólo se torna blanco, cuando se ha elegido a un nuevo Papa, para lo cual se agrega una resina especial que genere ese color y, en forma paralela, se repican las campanas para indicar la buena noticia.

Al hilo de esta explicación, enumeraron los principales frutos del pontificado de Benedicto XVI, que tienen que ver con su esfuerzo por recuperar los fundamentos centrales del Concilio Vaticano II, poner a Jesucristo en el centro de la evangelización de la Iglesia, fortalecer el conocimiento y la práctica de las virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad) en sus 3 encíclicas, y tender una mano amiga hacia otras formas religiosas. En todo caso, destacaron la santidad y sabiduría del Papa, y su enorme lucidez teológica, que le permitió definir desde el inicio de su Pontificado las líneas centrales de su labor al frente de la Santa Sede. 

Asimismo, perfilaron las claves básicas que no pueden faltar en la elección de un nuevo Papa, especialmente en el contexto actual. Entre ellas, el manejo de varios idiomas, un talento especial para hablar con diversos públicos, un renovado vigor y, particularmente, un profundo conocimiento de la Curia. De igual modo, apuntaron que un aspecto interesante es el nombre que éste podría adoptar (Juan XXIV, Paulo VII, Juan Pablo III, Benedicto XVII, León XIV, entre otros), pues el nombre puede significar la continuidad de un programa o el tributo a un estilo de pontificado.

En este sentido, ante la pregunta de sí la Iglesia debe ceder o no al debate de los medios que propugnan una oleada de “modernización” en temas polémicos (celibato de los sacerdotes, mujeres en el sacerdocio y fecundación artificial, entre otros), la respuesta fue que en los temas centrales de fe y moral, la Iglesia es inmutable y, por lo consiguiente, no está para cumplir expectativas, sino para celebrar el misterio de Cristo y guardar el depósito de la fe. Ciertamente, puede modernizarse al hilo de los grandes temas contemporáneos, cuya novedad es importante conocer y comprender, para saber comunicar de forma idónea la posición de la Iglesia en clave actual.

Por eso, en la recta final del conversatorio, concluyeron con el mensaje que “esta elección hay que verla con dos pares de ojos: con los ojos humanos y los de la fe”, pues es un acontecimiento histórico religioso, pero especialmente para los creyentes, es un acto en el que interviene el Espíritu Santo.

CACIF